¿Se terminó la Reforma?

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Pregúntale hoy a un protestante cuál es la mayor amenaza para el cristianismo ortodoxo, y él te mencionará los cristianos nominales, la revolución sexual, o aun el liberalismo. Pero si le hubieras hecho la misma pregunta hace cien años, es casi seguro que te hubiera mencionado a la Iglesia Católica Romana. Hasta hace poco, solo un par de generaciones, los protestantes y católicos eran, si no enemigos, por lo menos jugadores en equipos contrarios.

Sin embargo, el abismo teológico entre protestantes y católicos sigue siendo amplio y, en lugares, muy profundo. Si nos preocupamos por las doctrinas tan preciadas para los reformadores, no nos atreveremos a afirmar que “la Reforma ha terminado”, como si todas las colinas teológicas se han allanado y todos los valles dogmáticos son una llanura.

A continuación se presentan una serie de puntos que todavía separan a los católicos y los protestantes. Sin duda, muchos católicos romanos en realidad no creen (o siquiera conocen) lo que enseña la teología Católica. No estoy afirmando saber definitivamente lo que los católicos piensan y práctican en todas estas áreas. Pero al tratar de entender los documentos oficiales de la iglesia, podemos obtener una buena idea de lo que se supone que los católicos creen. Y lo que deben creer incluye una serie de puntos que los protestantes de Sola Scriptura no podemos afirmar.

La Iglesia

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha suavizado su postura hacia los protestantes, llamándolos “hermanos separados”. Sin embargo, para ser parte de la iglesia en su plenitud hay que estar inmerso en el sistema Católico Romano de los sacramentos y ordenanzas, y bajo la autoridad del Papa. “Totalmente incorporados a la sociedad de la Iglesia son aquellos … que están unidos en la estructura visible de la Iglesia de Cristo, que gobierna aquí por medio del Sumo Pontífice y de los obispos”. Además, el Papa es considerado infalible cuando habla ex-cathedra (desde la silla); es decir, cuando hace pronunciamientos doctrinales oficiales. La Iglesia Católica también tiene siete sacramentos en vez de dos: Eucaristía (o la Cena del Señor) y el Bautismo, igual que los protestantes, y entonces la Penitencia, el Orden Sagrado, Matrimonio, Confirmación, y Últimos Ritos.

Sagradas Escrituras

Los católicos tienen un canon bíblico mayor. Además de los 66 libros de la Biblia protestante, las Biblias católicas incluyen los libros apócrifos, con libros como Tobías, Judit, 1 y 2 Macabeos, Eclesiástico, y Baruc. La enseñanza católica también eleva la tradición más que los protestantes. Por supuesto, muchos evangélicos sufren de ignorar la tradición y la sabiduría del pasado. Pero la teología católica va más allá de respetar el pasado; lo sacraliza. “Tanto la Escritura como la Tradición deben ser recibidas y respetadas con el mismo espíritu de devoción y reverencia”, afirma el Catecismo. Del mismo modo, el Magisterio tiene la autoridad para hacer interpretaciones definitivas. “La tarea de dar una interpretación auténtica de la Palabra de Dios, ya sea en su forma escrita o en forma de tradición, ha sido confiada a la vida, la enseñanza y oficio de la Iglesia solamente … a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el Obispo de Roma”.

La Cena del Señor

En el centro de la Fe Católica está la Misa (su servicio de adoración). En el centro de la Misa está la celebración de la Eucaristía. Los católicos creen que el pan y el vino son transubstanciados en el cuerpo (real, físico) y sangre de Jesucristo. Los elementos se ofrecen como sacrificio de la iglesia y un sacrificio de la obra de Jesucristo en la cruz. Esto no es simplemente un recuerdo del sacrificio de Cristo, sino la misma obra expiatoria: “El sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio … el sacrificio [de la Eucaristía] es verdaderamente propiciatorio”.

Bautismo

Los católicos enseñan que “la justificación es conferida en el Bautismo”. Las aguas del bautismo lavan el pecado original y nos unen con Cristo. El bautismo no es solo un signo y sello de la gracia, sino que en realidad confiere la gracia salvadora.

María

María no es solo la madre de Cristo, sino la madre de la Iglesia. Ella fue concebida sin pecado original (la Inmaculada Concepción) y al final de su vida terrenal “fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial y enaltecida por Dios como Reina de todas las cosas” (Asunción). Ella intercede por la iglesia, “continúa dándonos los dones de la salvación eterna”, y es “una madre para nosotros en el orden de la gracia”. María era algo más que la madre llena de fe de Jesús: “La Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, y Mediadora”.

Purgatorio

Los que mueren en la gracia de Dios, aunque imperfectamente purificados, tienen certeza de vida eterna, pero primero deben someterse a la purificación en el purgatorio. Debido a la presencia de este estado intermedio, la Iglesia Católica ha desarrollado la práctica de la oración por los muertos. “La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los muertos”. En cuanto a la salvación de aquellos que no escuchan el evangelio, el Catecismo Católico dice “Los que, sin culpa propia, no conocen el evangelio de Cristo y su Iglesia, pero que buscan a Dios con un corazón sincero, y, movidos por la gracia, buscan en sus acciones hacer su voluntad, como la conocen según los dictados de su conciencia, ellos pueden alcanzar la salvación eterna”.

Mérito

En realidad no es justo decir que “los católicos enseñan que se puede ganar su salvación”. Eso puede ser lo que muchos católicos creen, pero la enseñanza oficial de Roma es más matizada, aunque todavía preocupante. El Catecismo resume: “Dado que la iniciativa pertenece a Dios en el orden de la gracia, nadie puede merecer la gracia primera del perdón y la justificación, al inicio de la conversión. Movidos por el Espíritu Santo y por la caridad, podemos después merecer para nosotros mismos y para los demás las gracias necesarias para nuestra santificación, para el aumento de la gracia y de la caridad, y para el alcance de la vida eterna”.

Justificación

La enseñanza católica rechaza la comprensión protestante de la justicia imputada. La pregunta es la siguiente: ¿es la justicia por la cual somos perdonados y justificados con Dios una justicia obrando en nosotros o una justicia otorgada a nuestra cuenta? Los católicos dicen los primero; los protestantes lo segundo. La diferencia es entre la justicia infundida y la justicia imputada. La justicia infundida es como poseer US$100 en efectivo; la justicia imputada es como tener $100 transferidos a tu cuenta. Según la doctrina católica, la justificación es más que la declaración de nuestra justicia en base a la obra de Cristo: es también una renovación del hombre interior y reconciliación con Dios. Por supuesto, estas también son cosas buenas, pero los católicos las hacen presente en y a través de la justificación, y no por la fe solamente. El Concilio de Trento, de la Contrarreforma Católica del siglo 16, declara: “Si alguno dijere que los hombres son justificados, ya sea por la sola imputación de la justicia de Cristo, o por la sola remisión de los pecados, a exclusión de la gracia y de la caridad que se ha derramado en sus corazones por el Espíritu Santo, y que es inherente a ellos; o incluso que la gracia por la cual somos justificados es solo el favor de Dios: sea anatema”.

 

¿Debemos los católicos y protestantes tratarnos unos a otros con decencia y con respeto? ¡Por supuesto! ¿Podremos trabajar lado a lado en importantes asuntos morales y sociales? Muy a menudo. ¿Podemos encontrar cristianos nacidos de nuevo en iglesias católicas? Sin duda. ¿Existen todavía cuestiones doctrinales fundamentales que separan a los protestantes y los católicos? Absolutamente.  No nos hacemos ningún favor al pretender lo contrario.

Santifícanos en tu verdad, oh Señor: tu palabra es verdad.

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