La Trinidad

trinidad

El concepto de la Trinidad se ha erigido como un criterio para la verdad, un artículo no transigible de la ortodoxia cristiana. No obstante, ha sido una fuente de controversia a lo largo de toda la historia de la iglesia, y hasta hoy sigue habiendo bastante confusión al respecto; mucha gente malentiende el concepto de formas muy graves.
Algunos piensan que la doctrina de la Trinidad implica que los cristianos creen en tres dioses.
Esta es la idea del triteísmo, postura que la iglesia ha rechazado categóricamente durante toda su historia. Otros ven la Trinidad como el repliegue de la iglesia hacia la contradicción. Por ejemplo, una vez tuve una conversación con un hombre que tenía un doctorado en filosofía, y él objetaba el cristianismo sobre la base de que la doctrina de la Trinidad representaba una patente contradicción en el corazón de la fe cristiana: la idea de que uno también puede ser tres. Por lo visto, este profesor de filosofía no estaba familiarizado con la ley de no contradicción. Según esta ley, “A no puede ser A y no-A al mismo tiempo y en la misma relación”. Cuando confesamos nuestra fe en la Trinidad,afirmamos que Dios es uno en esencia y tres en personas. De este modo, Dios es uno en A y tres en B. Si dijéramos que él es uno en esencia y tres en esencia, eso sería una contradicción. Si dijéramos que él es una persona en tres personas, también sería una contradicción. Pero con todo lo misteriosa que es la Trinidad, quizá aun por sobre y más allá de nuestra capacidad de comprenderla en su plenitud, la fórmula histórica no es una contradicción. Antes de que podamos hablar de la Trinidad, tenemos que hablar de la unidad, porque la palabra Trinidad significa “tri-unidad”. Detrás del concepto de unidad está la afirmación bíblica del monoteísmo. El prefijo mono significa “uno” o “único”, mientras que la raíz teísmo tiene que ver con Dios. Por lo tanto, monoteísmo comunica la idea de que hay un solo Dios.

LA BIBLIA: MONOTEÍSTA DESDE UN PRINCIPIO

Asumiendo este marco evolutivo, los críticos del siglo XIX cuestionaron la idea de que la Biblia
sea consistentemente monoteísta. Hubo un continuo debate en torno a cuándo comenzó el monoteísmo en Israel. Los más conservadores de estos críticos decían que había indicios de ello en tiempos deAbraham. Otros decían que el monoteísmo no comenzó sino hasta el tiempo de Moisés. Algunos incluso rechazaban la idea de que Moisés fuera monoteísta, diciendo que el monoteísmo no empezó sino en tiempos de los profetas, tales como Isaías, alrededor del siglo VIII a.C. Unos pocos eran aun más escépticos, y aducían que el monoteísmo no comenzó sino hasta después del exilio de Israel en Babilonia, convirtiéndolo en un desarrollo más bien reciente en la religión judía. Por lo tanto, la academia ortodoxa ha tenido que batallar durante los últimos cien y tantos años por defender la idea de la unidad de Dios en la Escritura.
Los argumentos ortodoxos sostienen que el monoteísmo estuvo presente en el comienzo mismo de la historia bíblica. Ya en el primer verso de la Escritura leemos, “En el principio, Dios creó los cielos y la tierra”. La narración de la creación afirma que el Dios que se presenta en la primera página del Pentateuco posee la creación entera como su dominio, no solo las limitadas fronteras del Israel del Antiguo Testamento. Dios es soberano sobre el cielo y la tierra, por haberlos creado con la palabra de su mandato.
Los críticos a menudo observan que en los primeros capítulos de la Escritura hay una vacilación entre dos nombres para Dios. Por una parte, se le llama Jehová o Yahvé; por otra parte, se le llama Elohim. Ese nombre, Elohim, es interesante, porque el sufijo him es la terminación plural del pronombre hebreo, por lo que el nombre Elohim se podría traducir como “dioses”. Sin embargo, si bien el nombre Elohim tiene una terminación plural, siempre aparece con formas verbales en singular. En consecuencia, el escritor estaba diciendo algo que no podría interpretarse como “muchos dioses”. Además, como observamos anteriormente, Dios se nos revela en los capítulos iniciales de Génesis como el único soberano sobre todas las cosas. Por lo tanto, pienso que quienes sostienen que el nombre Elohim señala hacia el politeísmo están arribando a una conclusión errada.Cuando llegamos a Éxodo 20, el relato de la entrega de la ley, vemos que el primer mandamiento que Dios dio en el Sinaí era firmemente monoteísta. Dios dijo, “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (v. 3). Algunos dirían que este verso es una evidencia de henoteísmo, porque Dios está implicando que hay otros dioses, y el mandamiento declara que el pueblo no debe dejar que esos dioses lo superen a él; Dios debe ser la deidad principal en sus vidas. Pero el hebreo indica que cuando Dios dice “delante de mí”, quiere decir “en mi presencia”. Su presencia, desde luego, es ubicua; él es omnipresente. Así que cuando Dios dice “No tendrás dioses ajenos delante de mí”, básicamente está diciendo que cuando una persona adora a cualquier cosa aparte de él, ya sea que esa persona viva en Israel, Canaán, Filistea, o cualquier otro lugar, se está involucrando en un acto de idolatría, porque solo hay un Dios. El segundo mandamiento, por lo tanto, refuerza el primero con
su prohibición absoluta de cualquier forma de idolatría.
Más adelante en el Pentateuco, encontramos una sorprendente declaración de monoteísmo. Se encuentra en el Shema, la antigua confesión israelita de su creencia en un Dios: “Oye, Israel: el Señor nuestro Dios, el Señor es uno” (Deuteronomio 6:4).
En los libros proféticos, vemos una diatriba casi constante contra los falsos dioses de otras
religiones. No se ve a estos dioses como deidades rivales, sino como ídolos inútiles. De hecho, es característico en los profetas burlarse de las personas que adoran árboles, estatuas, y otras cosas que han hecho con sus propias manos, como si un pedazo de madera pudiera ser habitado por un ser inteligente. Ellos ridiculizan de continuo el animismo y el politeísmo.
Estas declaraciones de monoteísmo son una extraordinaria dimensión de la fe del Antiguo
Testamento debido a lo inusitado de tales afirmaciones en el mundo antiguo. La mayoría de las
culturas de la antigüedad de las cuales contamos con registros históricos no eran monoteístas.
Algunos han sostenido que los egipcios fueron los primeros monoteístas debido a su adoración a Ra, el dios sol, pero hay algo único en el monoteísmo propio de la fe del Antiguo Testamento.  La idea de que hay un solo Dios se estableció firmemente en la religión de Israel desde las primeras páginas del Antiguo Testamento.

SI DIOS ES UNO, ¿CÓMO PUEDE SER TRES?

Es precisamente a causa de esta clara enseñanza del monoteísmo que la doctrina de la Trinidad resulta tan problemática. Cuando llegamos al Nuevo Testamento, encontramos que la iglesia sostiene la noción del monoteísmo, pero también declara que Dios el Padre es divino,  Dios el Hijo es divino, y Dios el Espíritu Santo es divino. Debemos entender que las distinciones en la Deidad no refieren a su esencia; no refieren a una fragmentación o segmentación del ser mismo de Dios.

¿De qué manera, entonces, podemos sostener la doctrina del monoteísmo del Antiguo Testamento a la luz de la clara afirmación del Nuevo Testamento sobre el carácter trino del Dios bíblico? Agustín escribió una vez, “El Nuevo [Testamento] está escondido en el Antiguo [Testamento]; el Antiguo está revelado en el Nuevo”. Para comprender cómo es que la doctrina de la Trinidad llegó a ser un artículo de tal importancia para la fe Cristiana, es necesario observar que hubo un desarrollo en la comprensión de la iglesia de la naturaleza de Dios basada en la Escritura. Cuando observamos las Escrituras, vemos lo que en teología se denomina “revelación progresiva”. Se trata de la idea de que, a medida que pasa el tiempo, Dios va desplegando algo más de su plan de redención. Él va descubriendo algo más de sí mismo por medio de la revelación. El hecho de que exista esta revelación progresiva no significa que lo que Dios revela en el Antiguo Testamento luego lo contradiga en el Nuevo Testamento. La revelación progresiva no es una enmienda, en la que un descubrimiento más reciente rectifique una revelación previa errónea. Más bien la nueva revelación se asienta sobre aquella que se ha entregado en el pasado, ampliando lo que Dios ya ha dado a
conocer.
Por lo tanto, no encontramos una enseñanza manifiesta de la naturaleza trina de Dios en la
primera página de la Escritura. Hay indicios de ella muy al comienzo del Antiguo Testamento, pero no contamos con una información cabal acerca del carácter trinitario de Dios en el Antiguo Testamento. Tal información llega más adelante, en el Nuevo Testamento, de manera que tenemos que rastrear el desarrollo de esta doctrina a lo largo de toda la historia de la redención para ver lo que la Biblia dice realmente acerca de estos asuntos.

LA TRINIDAD CLARAMENTE AFIRMADA

La más clara referencia a la deidad de Jesús en el Nuevo Testamento aparece al comienzo del
evangelio de Juan. Ahí leemos: “En el principio ya existía la Palabra [es decir, el Logos]. La Palabra estaba con Dios, y Dios mismo era la Palabra” (1:1). En esa primera oración, vemos el misterio de la Trinidad, porque se dice que el Logos ha estado con Dios desde el principio. En el idioma griego hay distintos términos que pueden traducirse por el español “con”, pero la palabra que aquí se utiliza sugiere la relación más estrecha posible, una relación prácticamente cara a cara. No obstante, Juan hace una distinción entre el Logos y Dios. Dios y el Logos están juntos, pero no son lo mismo. Luego Juan declara que el Logos no solo estaba con Dios: él era Dios. Por lo tanto, en un sentido, la Palabra debe distinguirse de Dios, y en otro sentido, la Palabra debe identificarse con Dios.
El apóstol dice algo más. Él añade: “La Palabra estaba en el principio con Dios. Por ella fueron
hechas todas las cosas. Sin ella nada fue hecho de lo que ha sido hecho. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad” (vv. 2-4). Aquí vemos que al Logos, que es Jesús, se le atribuye eternidad, poder creador, y existencia por sí mismo.
El Nuevo Testamento también afirma que el Espíritu Santo es divino. Esto lo vemos, por
ejemplo, en la fórmula trina de Jesús para el bautismo. Por orden de Cristo, se debe bautizar a las personas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (Mateo 28:19). Asimismo, la bendición de despedida de Pablo en su segunda carta a los Corintios dice: “Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos ustedes” (13:14). Los apóstoles también hablan del Padre, el Hijo y el Espíritu cooperando para redimir un pueblo para sí mismos (2 Tesalonicenses 2:13-14; 1 Pedro 1:2).
En éstos y en muchos otros pasajes del Nuevo Testamento, la deidad del Padre, el Hijo, y el
Espíritu Santo se expone explícita o implícitamente. Al considerar esto juntamente con la clara
enseñanza bíblica de que hay un solo Dios, la única conclusión es que hay un Dios en tres personas: la doctrina de la Trinidad.

UN VALIOSO DISTINTIVO

Asimismo, la iglesia ha usado el término Trinidad para acallar la boca de los herejes, aquellos
que enseñan el triteísmo (la idea de que hay tres dioses) y aquellos que niegan la tri-personalidad de Dios insistiendo en alguna postura unitaria. Podríamos decir que la palabra Trinidad es un distintivo como la palabra shibolet. El libro de Jueces relata el conflicto entre los hombres de Galaad, conducidos por Jefté, y los hombres de Efraín. Para identificar a sus enemigos, los soldados de Galaad exigían a los extranjeros que dijeran shibolet. Los efraimitas no podían pronunciar esa palabra, y su incapacidad les costaba la vida (Jueces 12:5-6). En el idioma inglés, esa contraseña se ha vuelto un término que designa una palabra probatoria por la cual se puede acreditar la verdadera identidad de una persona.
En Holanda, durante el periodo de la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial, los
holandeses también tenían un shibolet. En la costa holandesa hay un pueblo turístico llamado
Scheveningen. Los alemanes simplemente no podían nombrarlo correctamente. Ellos podían hablar holandés y pasar por holandeses en la mayoría de las circunstancias, pero si se les pedía que dijeran la palabra Scheveningen, entonces trastabillaban. Esa palabra se convirtió en un shibolet que ayudó a los holandeses a identificar a los espías.
La iglesia no debiera vacilar en utilizar ciertas palabras a modo de shibolets para obligar a las
personas a revelar su postura en diversas materias. J. I. Packer ha identificado uno de estos
distintivos: inerrancia. Si uno quiere descubrir cuál es la postura de una persona respecto de la
sagrada Escritura, no tenemos que preguntarle si cree en la inspiración de las Escrituras. Hay que preguntarle, “¿crees en la inerrancia de la Escritura?, porque muchas personas se atragantan con esa palabra antes de afirmarla.
“Trinidad” es una palabra perfecta que afirma con exactitud lo que la iglesia ha creído y
confesado históricamente. No debiéramos dudar en usar ésta y otras palabras similares para constatar el estándar de la verdad con la mayor precisión posible.

Por: R.C. Sproul – ¿Qué es la Trinidad?

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