6 Consejos para Chicas Cristianas

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La Palabra de Dios me ordena tratar a las jovencitas y chicas cristianas como si fuesen mis hermanas (1 Timoteo 5:2). Así que como hermano mayor para muchas de mis hermanas, tengo la responsabilidad de dar las siguientes advertencias.

1. Es más importante que tu pareja sea escogida por Dios que por otras mujeres.

Muchas mujeres creen en su subconsciente que el hombre que ha estado con varias mujeres ya pasó el examen de antemano para ser un buen partido y es un tipo genial (en realidad es un inmaduro). Por eso muchas mujeres corren detrás de los hombres que ya han estado con varias mujeres. Es un hecho científico y psicológico.

Este pensamiento femenino viene desde hace MUCHO tiempo, cuando las mujeres solo querían estar con los machos-alfas de las tribus y esos machos-alfas eran pre-seleccionados por sus historias y experiencias en luchas o relaciones con otras mujeres.

La verdad es que la hombría no tiene que ver con haber estado con muchas mujeres. La hombría tiene que ver con amar a una mujer realmente, pero sobre todo, con amar a Dios siendo un verdadero hombre y viviendo como Su hijo.

“Es mejor que tu pareja sea escogida por Dios que por otras mujeres”

La Palabra de Dios nos habla que hay personas en todo el mundo a quienes Él ha escogido incondicionalmente, por amor a Su nombre, para que sean salvos, justificados y hechos conforme a la imagen de Cristo (Romanos 8:29-30). Así que ya sabes: Es mejor que tu pareja sea escogida por Dios que por otras mujeres.

Es mejor que seas novia de un hombre que en VERDAD ame a Dios y lo demuestre, que ser novia de un hombre que jamás te merecerá aunque muchas chicas estén detrás de él.

2. No trates de cambiar el corazón de un hombre.

Quien cambia corazones es Cristo, no tú.

Muchas chicas pecan contra Dios al creer que ellas sí pueden cambiar un corazón. Por eso tienen noviazgos y matrimonios mediocres con tipos que no aman a Dios. Como ellos no aman a Dios, no pueden amar a sus parejas de la manera en que Dios quiere que amen a sus parejas y el matrimonio tampoco es como Dios quiere que sea.

“Un hombre que puede amarte de verdad es un hombre que ama a Dios de verdad”

Recuerda: Un hombre que puede amarte de verdad es un hombre que ama a Dios de verdad. Tu pareja ya debería ser cristiano y demostrarlo con frutos y conocimiento correcto de la Palabra de Dios antes de haber iniciado una relación con él.

Hago énfasis en eso último porque no todo el que dice que cristiano o se cree cristiano lo es realmente.

3. El hombre que no respeta tu cuerpo no respeta tu corazón.

Un hombre tiene que ser demasiado egoísta para querer tener sexo con su novia antes del matrimonio o para no respetar su cuerpo.

Si el chico que te gusta es un impaciente, mándalo a volar porque no es un hombre de verdad. Es alguien que no controla sus impulsos, incapaz de esperar porque no posee madurez. Es alguien que no te respeta ni valora de la forma en que un hombre debe hacerlo.

Si un hombre no puede respetar lo que ve, ¿cómo podrá respetar lo que no ve? ¿Cómo podrá amar tu corazón?

“Chica, si un hombre no respeta tu pureza, tampoco respeta a Dios”

Chica, si un hombre no respeta tu pureza, tampoco respeta a Dios… y si no respeta la Palabra de Dios, es porque no lo ama realmente (Juan 14:15).

4. Si no pones tu mirada en Dios, no serás realmente feliz.

Hay muchas chicas cristianas que no viven como chicas cristianas. Eso me hace preguntarme si en verdad son cristianas. Si lo fueran, sabrían que cuando tienen a Jesús las cosas que no tienen no las necesitan y la gracia de Dios brillaría in crescendo en sus vidas. Sabrían que no necesitan hacer cosas que están mal para tratar de llenar tu vida y conquistar a un hombre.

En el pasado he escrito que ninguna persona en todo el mundo tiene el deber de completar tu vida y hacerte feliz. Es tu responsabilidad ser feliz antes de compartir tu alegría con alguien más.

Solo cuando vivimos en santidad somos realmente felices. Y cuando una mujer confía en Dios y lo ama cada día más, es transformada en la mujer que nació para ser. Así puede vivir de la forma en que Dios quiere que viva.

Así conoce que no necesita hacer cosas para ser bella porque ya lo es. Así usa su mente para glorificar a Dios y tomar buenas decisiones. Así puede ser una mujer virtuosa y futura ayuda idónea de un hombre de Dios valiente y que la ame de verdad. Así puede disfrutar su juventud al máximo para la gloria de Dios.

5. Tu cabeza puede pensar, tus emociones y sentimientos no.

Al aceptar ser novia de alguien, no te bases en lo que sientes en el momento. Tienes que pensar seriamente antes de decidir meterte en una relación. Suena obvio, pero son muy pocas las chicas que en verdad piensan las cosas (al igual que son muy pocos los chicos que en verdad usan sus neuronas).

“Que un hombre te de regalos no significa que pueda darte su amor”

Que un hombre te haga sentir bien no significa que pueda amarte con todo su corazón. Que un hombre te de regalos no significa que pueda darte su amor. Tampoco significa que ame a Dios. Tampoco significa que es buena idea salir con él.

Aunque el noviazgo es para conocer más a la persona con la que te gustaría casarte y poder decidir bien, no deberías iniciar un noviazgo con una persona que desde ya no califica en términos generales para ser tu esposo.

Usa tu cabeza y ahorra lágrimas. La Biblia tiene razón cuando dice “Guarda tu corazón porque de él mana la vida” (Prov 4:23). Esa es una gran advertencia para toda chica cristiana.

6. No entres en una relación para ser feliz.

Ninguna persona en todo el mundo tiene el deber de completar tu vida y hacerte feliz. Es tu responsabilidad ser feliz antes de compartir tu alegría con alguien más. Blaise Pascal una vez escribió que en el corazón de toda persona hay un hueco del tamaño de Dios. Eso es cierto. El problema humano es que a veces pretendemos llenar ese hueco con detalles que no lo pueden llenar… complementos como una relación, por ejemplo.

Cuando “amamos” al estar solos, no estamos amando en realidad. Al pretender amar sin estar listos ni tener amor para dar, estamos siendo egoístas. Estamos pretendiendo que alguien haga por nosotros lo que debemos y nacimos para hacer. Eso hiere a las personas a nuestro alrededor a la vez que nos hace miserables.

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